Todo empezó por casualidad. Tenía una boda, me hice unos pendientes, y poco a poco descubrí lo que una afición puede hacer por tí. Sólo se necesita un poco de paciencia, buscar algún rato de tu ajetreado tiempo y, eso sí, mucha imaginación, creatividad y ganas.

Este blog se lo dedico a mis hijos, que son el motor de mi vida, y por supuesto a mi marido, por su paciencia cuando se encuentra todas mis piedras por el suelo, y por su ayuda para que pueda dedicar
parte de nuestro tiempo a mis aficiones.